José Vargas es un venezolano de 34 años que llegó a Costa Rica en octubre con la ilusión de seguir hacia Estados Unidos a vivir el sueño americano, pero más bien se encontró con una pesadilla.
Entró a Costa Rica por la frontera con Panamá y empezó a subir. Llegó a San José y ahí empezaron los inconvenientes porque se acabó el dinero.
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También, empezó a ver cómo Donald Trump ganaba más y más popularidad para las elecciones presidenciales y eso lo hizo repensar la idea de ir a Estados Unidos porque sabía que el político la tenía en contra de los migrantes, por eso se quedó aquí para ver qué pasaba con eso.
Para generar dinero trató de buscar trabajo, pero como no tenía papeles, no lo logró.
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“Estuve en San José tres meses: octubre, noviembre y diciembre del año pasado. Dormía en la calle y mendigaba para comer porque no podía trabajar.
“Llegué aquí solo con Dios, sin mi familia. Después de esos tres meses tan difíciles decidí devolverme para Venezuela, pero me agarró Migración de Panamá, me hicieron una multa de $300 (unos ¢152.400), y me tocó quedarme aquí en Costa Rica porque me advirtieron que si volvía a cruzar me podían detener y meter preso seis meses, un año o hasta dos años, lo que fuera necesario porque como no hay relaciones diplomáticas con Venezuela todo se complica”, relató el extranjero.
En Venezuela se ganaba la vida como pizzero
El venezolano contó que cuando vivía en su país se ganaba la vida como pizzero y tenía planes de buscar una vida mejor en Estados Unidos, pero ahora esa no es una opción por todo lo que está pasando en el país norteamericano con los migrantes.
“Creo que al final quedarme aquí y no irme para Estados Unidos fue la mejor decisión porque hubiera sido peor”, manifestó.
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José se tuvo que quedar en Paso Canoas, cerca de la frontera, y hace unos días consiguió un lugar para vivir.
“Tenía que hacer algo para sostenerme, no podía seguir sin trabajar y decidí emprender vendiendo helados, los hago yo mismo, son de coco y de frutas.
“Ahorita quiero establecerme aquí, trabajar, integrarme a la sociedad, lograr estabilidad y salir adelante vendiendo mis helados para pagar el alquiler y comprar la comida que necesito, para más adelante regresar a Venezuela”, agregó.
José dice que tiene pocos días vendiendo helados, pero de momento le está yendo bien. En Paso Canos hace un calor terrible, así que la idea de vender helados es muy buena.
“Estoy esforzándome, tengo la fe puesta en Dios, yo sé que él me va a bendecir”, aseguró el hombre.
Familias completas están varadas en Paso Canoas
La historia de José se repite en Paso Canoas con familias completas.
Al caminar por las calles cercanas a la línea fronteriza se observan parejas con niños sentadas en las paradas o las aceras, pensando cómo resolver su complicada situación, ya que Panamá esta siendo muy estricta para dejar entrar migrantes a su territorio.
La mayoría de extranjeros son de Venezuela y Colombia. Los más afortunados reciben ayuda económica de familiares para comer y dormir en un lugar seguro, pero otros no, así que tienen que dormir en la calle y pedir plata a quienes pasan por ahí para comprar algo de comer.
La situación es conocida por el ministro de Seguridad, Mario Zamora, quien dice que ha estado en conversaciones con autoridades panameñas en busca de soluciones.
Zamora explicó que, como en las últimas semanas se han estado devolviendo muchos migrantes del norte, ya están implementando buses que recogen a estas personas en la frontera con Nicaragua y los lleva hasta el CATEM, en Corredores, zona sur del país.
De ahí salen buses hacia la frontera panameña y se está coordinando con esa nación el tema del paso de migrantes que quieren continuar su camino para Venezuela y Colombia, entre otros países.
En el CATEM están también los 135 migrantes enviados en Estados Unidos, a los que se les están tramitando el envío a sus países en Europa, Asia y África.