A los comerciantes de San Ignacio de Acosta se les cayeron las ventas por una epidemia amarilla.
Resulta que la Muni de Acosta pintó los cordones de las aceras del centro del cantón de color amarillo, por lo que ya nadie puede parquear en los 300 metros del corazón de la comunidad, donde están la mayoría de negocios, y dos patrullas de tránsito dan vueltas todo el día.
Para entender mejor lo que están sufriendo estos comerciantes, hay que saber que San Ignacio es de esos pueblitos coquetos donde todo está alrededor de la iglesia y el parque, además de que el terreno es muy quebrado, por lo que pintar tres cuadras de amarillo es prácticamente prohibir estacionar en todo el pueblo.
La doctora Noily Azofeifa, de la farmacia San Ignacio, aunque reconoce que había que poner orden en las calles, asegura que la medida es extrema.
“Se ha visto muy reducido el espacio para parquear, solo hay unos cuantos campos en la iglesia, el gimnasio y algunos que colocó la municipalidad administrados con parquímetros, pero nosotros somos un centro médico y a veces vienen pacientes en silla de ruedas o a quienes se les dificulta caminar por su condición de salud y apenas se detiene el carro que los trae para que se bajen, los taxistas empiezan a pitar y hay que rogarles para que dejen bajar a la persona”, explicó la doctora.
Y es que tras que les prohibieron parquear, en esa misma calle habilitaron tres espacios para taxis, pero es común que estén más carros rojos esperando clientes, de ahí que cuando llega un carro particular empiecen a pitar para presionar a que se quiten o en el peor de los casos alertar a los oficiales de tránsito.
La doctora Azofeifa agregó que la farmacia tiene 35 años y hasta los clientes viejos los llaman para pedir recomendación de algún medicamento y al final agradecen la sugerencia, pero van a buscarlo a otras farmacias en Vuelta de Jorco o Aserrí.
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Cierres y traslados
Ante este broncón algunos comerciantes se han reunido para buscar una solución, otros han decidido trasladar sus locales a comunidades aledañas y los que la han visto más rudo tuvieron que cerrar.
Incluso, los inquilinos del mercado, que es administrado por la misma muni, se han visto afectados por las bajas ventas.
También la ve fea don Emanuel Rodríguez, dueño del súper San Ignacio y asegura que se le complica doblemente porque los camiones proveedores no pueden descargar la mercadería, ni los clientes tienen cómo parquear para acomodar las compras del diario.
“La gente ha dejado de venir y si me los topo y les pregunto, me dicen que mejor hacen sus compras en Jorco porque es imposible venir a mi local. Y los entiendo porque ahora están mandando dos unidades de tránsito que pasan dando vueltas todo el día y no dan chance para nada”, agregó Rodríguez.
Cristina Abarca, propietaria de la soda Yare, quien abrió con mucha ilusión hace diez meses al costado norte de la plaza de deportes, dice que la situación es crítica.
“La gente no tiene tranquilidad para comer en la soda. Lo hacen con el pendiente de que les quiten las placas y los multen (la multa es ¢51.316). Han bajado demasiado las ventas estos dos últimos meses. Incluso, ahora hasta las siete de la noche y fines de semana anda por ahí el oficial de Tránsito que es el que más se ciñe con los clientes. Ya han multado a varios mientras están comiendo”, aseguró Abarca.
Tránsito sin aflojar
La Policía de Tránsito enfatiza que su prioridad es el acatamiento de la ley, indiferentemente de la ubicación del infractor.
“Comprendemos que muchas veces al comercio y algunos usuarios de las vías les es difícil adaptarse a los cambios realizados por el gobierno para generar seguridad vial y evitar más accidentes de tránsito así como muertes en carretera. “Acosta requería de ciertos cambios y mejoras en la demarcación vial en aras de brindar a los usuarios seguridad en carretera, es un proceso que la comunidad debe asumir y respetar”, dijeron a través de la encargada de prensa Wendy Jiménez.
La municipalidad se defiende explicando que la medida se puso en práctica desde junio del 2014 luego de una petición de los mismos comerciantes que pidieron una solución al desorden vial en el cantón y en noviembre del 2017 se modificó según la propuesta de los expertos en asunto vial.
“En atención a quejas de ciudadanos por la peligrosidad que existe en el alto (señal), en la salida de la comunidad de La Vereda y del cruce del ICE, debido a que algunos usuarios estacionan su vehículo en la esquina, ocasionando la obstrucción y pérdida de la visibilidad, lo que podría generar un accidente fatal es que dentro de su autonomía la Municipalidad tomó la decisión de acatar lo dispuesto en el artículo 110 de la Ley de Tránsito (prohibición de estacionar cerca de Altos o hidrantes)”, dice el informe brindado por Nelson Castro, de la Municipalidad. Si por la víspera se saca el día, la epidemia amarilla va para largo en este pintoresco cantón..