A inicios de octubre, las fiestas en honor a San Francisco de Asís se viven de una manera muy especial en Cartago.
Hasta el convento de los Frailes Menores Capuchinos llegan los devotos del “pobrecillo de Asís”, entre ellos los agricultores, quienes participan de forma silenciosa, pero muy activa para colaborar con la congregación.
Dentro de las actividades del turno, que llenan de música y alegría a los asistentes, la tradicional venta de productos frescos es uno de los elementos vitales. Detrás de esta iniciativa hay historias de fe y esfuerzo que se funden con la solidaridad.
Cartago es, por excelencia, una de las zonas agrícolas más importantes del país. Sus labriegos desde siempre acostumbran donar parte de sus cosechas a iniciativas de distintos templos, pero en el caso de la ayuda a los frailes capuchinos, la historia tiene un matiz muy especial.
Una relación histórica
Fray Nelson Duarte, guardián del convento, le comentó a La Teja sobre esta actividad, la cual se inició prácticamente con la llegada de los primeros capuchinos a la Vieja Metrópoli en la segunda mitad del siglo XIX.
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“Aquí en el centro de Cartago es el turno tradicional más antiguo. Dentro de estas cosas por la estima que la gente y especialmente los agricultores de la zona norte les tenían a los frailes cuando venía esta actividad, estos solicitaban su ayuda en la medida de las posibilidades”.
Fray César Araya, otro de los hermanos capuchinos de la fraternidad brumosa, recuerda con mucho cariño la labor de fray Norberto Coto, quien falleció hace siete meses. Él, oriundo de la zona norte de Cartago, salía a buscar la ayuda que el sector agrícola siempre le brindaba generosamente.
“Fray Norberto iba de puerta en puerta. Donde le pedían que llegara, él llegaba. Era muy ameno, bromeaba y tenía buen humor con la gente. Y de una u otra forma esta cercanía y esta disponibilidad para ellos logró crear un vínculo, un lazo de cariño y de aprecio por los frailes a través de él”.
Donar a pesar de las dificultades
Pese a las dificultades actuales que enfrentan los agricultores, como la falta de apoyo estatal, la importación masiva de productos, el cambio climático y el endeudamiento, siempre guardan un poco de lo que la tierra les da como recompensa por su arduo trabajo, según recuerda fray Nelson.
“Cultivar es un trabajo arduo. Depende mucho de los esfuerzos y la inversión de la persona; depende del clima y de un montón de factores (…). Muy amablemente siempre disponen de lo que Dios les depara, incluso algunos nos dicen: ‘Mire, Fray, este año quizás la cosecha no estuvo tan buena, tan productiva, pero apartamos esto para San Francisco’“.
Esta dinámica tiene muchas veces una entrega silenciosa y hasta anónima. En algunos casos, dejan el producto a las afueras de sus terrenos para que los frailes lo recojan, sin buscar protagonismo, movidos únicamente por la humildad y la voluntad de servir.
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Fray comenta que el agradecimiento hacia quienes donan es muy grande y que oran y ofrecen la Eucaristía rogando por ellos y por sus necesidades.
La fe de un agricultor
Silvestre Víquez, vecino de Tierra Blanca de Cartago y agricultor de toda la vida, es una persona muy devota. Desde su experiencia y fe, comenta lo que significa donar productos para este tipo de iniciativas.
“Para el agricultor, en general, es una satisfacción devolverle un poquito a Dios lo que él nos depara en nuestros esfuerzos en el campo, a pesar de que muchas veces nos falta el apoyo del gobierno para el sector agrícola, en el sentido de que cuando hay mucha cosecha necesitamos esa ayuda del gobierno”.
Él cuenta que desde joven tiene la costumbre de donar aunque sea un poquito de lo que cultiva para contribuir con la Iglesia. Hoy, a sus 73 años, mantiene firme esa consigna.
“Si yo no tengo, aunque sea la mallita le compro a otro compañero de cebolla o de papa para cooperar, porque sabe uno que en todas partes del país ocupan de la cooperación del agricultor para subsistir en los gastos de los templos principalmente”.
Don Silvestre comenta que le pide a San Francisco de Asís que les siga dando la humildad que tanto lo caracterizó, una virtud fundamental en el ser agricultor, y que Dios continúe bendiciendo sus cosechas.
“Pedirle a San Francisco que él interceda ante Dios por cada uno de nosotros, por las cosechitas para que no nos falte el sustento a cada ser humano que estamos sobre la tierra. Y que siempre cuidemos mucho la tierrita porque es de donde sacarán muchas generaciones su comida”.
Los franciscanos de todo el mundo conmemorarán de manera especial este 4 de octubre el día de su patrono, ya que se cumplen 800 años de la muerte del santo italiano.


