Una fe inquebrantable en Dios gestó la mayor felicidad que nunca antes habían sentido en sus vidas Lussania Víquez y su esposo, el doctor Jorge Sáenz.
La noticia del embarazo de la presentadora de Repretel los enloqueció a ambos, quienes nunca perdieron la esperanza de tener en sus brazos a un hijo fruto de su gran amor.
El milagro de la vida Dios la hizo posible en el vientre de Luci, y por partida doble; ya que será mamá de gemelitos.
Oración constante y mucha fe en el Señor, fue la fórmula con la que esta pareja hizo realidad su mayor anhelo. Antonella y Alessandro, así se llamarán los colochuditos, que están para nacer a finales de julio o la primera semana de agosto.
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Lu y Jorge están en los corre corre de la recta final más esperada de sus vidas.
Ellos están impacientes con el tema de que si los arreglos que tuvieron que hacer en su casita van a estar listos antes del parto, se apuran en terminar de acomodar el cuarto que siempre fue para un bebé, pero que con el pasar del tiempo se hizo bodega, y se mueven para lavar la ropita que tienen para sus hijos para luego llenarla con ese olorcito rico a bebé.
Pero entre todas esas carreras y complejidades que ha tenido el embarazo de Víquez, hay algo a lo que ella le ha dedicado muchísimo tiempo: a reconstruirse de adentro hacia afuera para ser la mejor persona y mamita que sus hijos pudieron tener.
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Sobre ese trabajo espiritual, así como de los retos y miedos de cualquier mamá primeriza, y de su soñado embarazo, Lu habló con La Teja.
-¿Qué ha sido lo más desafiante de estar embarazada?
Tener que desacelerar. Estoy muy acostumbrada a ser muy dinámica, a tener mi ritmo, a hacer muchas cosas y a trabajar muchísimo, y cuando inicié el embarazo dije que iba a ser así, pero llega el punto en que el cuerpo te habla, porque un embarazo gemelar no es jugando. Entonces, creo que el tener que parar un poco ese estilo de vida que tenía antes ha sido retador.
-¿Cómo se ha preparado para ser mamá?
Le he preguntado mucho a primas o cuñadas que acaban de ser mamás e incluso a mi suegra, que también tuvo mellizos, o a mi mamá. A la gente cercana que lo ama a uno y que uno sabe que quiere lo mejor para uno. También, y esto para mí es muy valioso y muy importante, he estado preparándome sobre todo en la parte espiritual. Porque creo que vienen muchos cambios, viene una transformación de una nueva Lussania que ahora no solamente va a ser mujer, sino que va a ser madre, y los seres humanos siempre tenemos muchas cosas que trabajar, somos seres humanos en construcción.
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-¿Y qué significa eso?
Trabajar muchas áreas de mi vida espiritual para ser una mamá más llena de Dios y más completa para esos bebés; para ser un mejor ser humano. El tema del embarazo y la maternidad se tiende a romantizar muchísimo, pero también tiene retos más grandes, entonces estoy tratando de estar fortalecida por dentro para que cuando venga el fuego logre mantenerme en pie.
-¿Hay algo de ser mamá que le dé miedo?
Ahorita tengo mil dudas, pero yo creo que en el camino lo vamos a ir resolviendo. Me estoy enfocando en cosas de adentro, porque como nos ha costado tanto ser papás entonces estoy enfocada mucho en no llegar a ser una mamá gallina; me da pavor llegar a ser una mamá gallina, porque las mamás gallinas lo que hacen es criar hijos inseguros.
-¿Entonces cómo se imagina de mamita?
Quiero ser una guía y estar ahí para ellos, pero no solucionarles la vida. Son cosillas a las que he tratado de ponerle atención. Es un tema interesante, pero algo confrontativo. Estamos de acuerdo en que hay que cuidarlos, pero como nos ha costado tanto ser papás puede que llegue un punto donde uno, sin querer, empiece a solucionarles la vida cuando lleguen a la escuela, cuando lleguen a la guardería…, que empiece a resolverles todo y eso no es sano.
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-Ustedes han dicho que su embarazo es un milagro…
Es muy interesante porque siempre hay gente que habla de eso. Hace poco me escribió una señora diciendo que cómo yo decía que mi embarazo era un milagro si un doctor nos había ayudado, y me hizo mucha gracia porque acaso el doctor es Dios. Si Dios quiere, Dios quiere; y si Dios no quiere, no quiere. No nos cabe la menor duda de que es un milagro y que los colochuditos están en mi vientre por algo.
-¿Ha disfrutado llevar un embarazo tan en el ojo público?
Estoy tan contenta, tan feliz y tan agradecida con la gente por tanto cariño y tantos comentarios tan lindos que me dejan todos los días. Siempre hay uno que otro que habla porque la gente siempre opina acerca de lo que debería decir y cómo debería ser uno, pero cuando uno está feliz de corazón, cuando ese gozo viene del alma, no hay nada de lo que digan que pueda obstruir eso. Pero son muchísimos más los comentarios de amor para nosotros.
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-¿Tenía idea de cuánto la quería la gente?
No; o sea, no es que pensaba que no me querían, pero nunca me imaginé que esto iba a mover a tanta gente. Nunca me imaginé que iba a estar en diferentes grupos de oración a nivel nacional y que había familias orando por nosotros desde hace años, que había promesas de parte de familias por nosotros; nunca, nunca me lo imaginé hasta ahora. Es impresionante, pero volvemos a lo mismo, eso es obra de Dios.
- Y su esposo, ¿cómo está?
Fascinado, contento, me está cuidando demasiado, tanto que no me deja hacer casi nada. Está trabajando y me llama a cada segundo a preguntarme si me tomé los medicamentos, si estoy tomando suficiente agua, si ya les leí... Él está pendiente de todo y para mí es muy importante porque es un trabajo en equipo. Esto es un trabajo en conjunto.
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-¿Les leen a los bebés?
Sí, les estamos leyendo cuentitos todas las noches. También en las noches siempre oramos con ellos y les decimos lo mucho que los amamos y lo mucho que los estamos esperando. Es recordarles eso de cuán amados y cuán deseados han sido desde que supimos que estaban en mí. Cuando les hablamos empiezan a moverse, es muy bonito.
-¿Qué siente cuando escucha los nombres de Antonella y Alessandro Sáenz Víquez?
Que es un sueño hecho realidad. Cuando nosotros compramos la casa, siempre decíamos que ese iba a ser el cuarto de Antonella, y lo dábamos por hecho. Cuando empezó el trajín y, digamos, la complicación para ser papás, ya dejó de ser el cuarto de Antonella y era el cuarto de los chunches. Entonces volver a decir que este es el cuarto de Antonella y Alessandro, es un milagro, un sueño hecho realidad, una oración contestada. Yo no me lo creo. Yo lo escribo y no me lo creo.