Si hay algo que le encantaba a Lencho Salazar era escribir y encomendarse a la Virgen de los Ángeles todo el tiempo.
Este 28 de agosto el querido folclorista costarricense falleció a los 92 años, pero antes de partir le dejó unos regalos a la Patrona de Costa Rica por haberlo protegido tanto.
El músico, escritor y actor Lorenzo Salazar Morales murió en la paz de su hogar, ubicado en La Garita de Alajuela, donde su inseparable esposa, Ana Solano, tiene muy bien guardados esos detalles para la Negrita.
La periodista Vivian Quesada, gran amiga del floclorista, es la que tiene la misión de hacérselos llegar a la Virgencita, pues esa fue una de sus últimas voluntades.
La presentadora de televisión contó que se trata de unas oraciones y canciones inéditas que Lencho escribió hace algunos años y que una vez le pidió que cuando falleciera las diera a conocer.
“Ahora que él falleció Ana, su esposa, ya las tiene y ahí me imagino que se las entregarán a la Iglesia católica, no sé. Hay que planear qué vamos a hacer o si algún grupo de artistas con un homenaje que le vamos a hacer montar alguna de esas canciones, no sé”, dijo Quesada.
De hecho, ella está convocando a varios artistas nacionales para que lleguen a despedirlo este jueves a su funeral que se realizará a las 2 p. m. en la iglesia de Naranjo.
Más adelante planea hacerle a Lecho un homenaje con todos los músicos nacionales que tanto lo querían y admiraban por el gran legado que dejó.
Quesada recalcó que su relación de amistad con Salazar nació en los años setenta, cuando fue su profesor de fólclor en la estudiantina del Conservatorio Castella, donde lo recuerda ver siempre con su inseparable acordeón rojo.
Su última voluntad
Así como él quería que esas canciones de la Virgen se dieran a conocer después de su partida, también dejó otra petición a su familia.
Lencho siempre quiso descansar para siempre en su amado pueblo de Naranjo y por eso desde antes había comprado un nicho en el cementerio Candelaria (conocido como Bajo Corrales).
Allí será sepultado después de la misa que se oficiará en su nombre a partir de las 2 p. m. en la iglesia del cantón alajuelense.
En el 2022 fue declarado hijo predilecto del cantón por parte del Consejo Municipal de Naranjo, pues ahí fue donde nació el 4 de diciembre de 1931.
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Su cuerpo será velado, a partir de las 6 p. m. de este miércoles, en el antiguo Rancho de Lencho, ubicado en las afueras de su casa entre La Garita y El Coyol de Alajuela, donde vivió sus últimos años.
Su hijo mayor, José Manuel Salazar, fue quien nos confirmó su deceso y dijo a La Teja que su muerte no es solo una gran pérdida para su familia sino para toda Costa Rica.
“Con papá se cierra un capítulo de la historia cultural de este país. Mi papá siempre representó los valores costarricenses tradicionales y siempre se destacó por amar a su país y representarlo fuera de nuestras fronteras.
“Mi papá era una persona empática, se dio a querer con todo el mundo. Es una gran pérdida para Costa Rica, no solo para la familia”, dijo.
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Desde que tenía cinco años Lencho empezó a cantar en los rezos de su pueblo impulsado por su madre, Elisa Morales Corrales. Años más tarde empezó a componer sus propias canciones y tocaba todo tipo de instrumentos, la guitarra, el acordeón, la marimba y demás.
Con su música recorrió cada rincón del país hasta que llegó a la televisión con programas como: “El fogón de doña Chinda”, “La familia Mena Mora”, “Gentes y paisajes” y con su recordado segmento “Un minuto con Lencho Salazar” que transmitía Teletica después de Telenoticias del mediodía.
Su gran amor y compañera
Además de su pasión por la música folclórica, amaba estar junto a su esposa, Ana Solano, quien lo cuidó y veló por él hasta el último suspiro.
Se casaron en agosto de 2015 cuando se juraron estar en la salud, en la enfermedad y hasta que la muerte los separe y así fue. Cuatro meses después de su boda es cuando el folclorista cae en cama producto de muchas dolencias que lo aquejaban.
Ana, oriunda de La Tigra de San Carlos, era su fan más fiel y añoraba con conocerlo y, por cosas del destino, llegó a cuidarlo después de que él enviudara en el 2013 y poco a poco fue floreciendo el amor entre ellos.
Intentamos conversar con ella, y aunque sabemos que hablar de Lencho es su tema favorito, la familia nos pidió que la dejaramos descansar porque las horas que se vienen serán muy duras para ella.
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En una entrevista que nos dio en mayo de 2023, doña Ana nos contó que ya la demencia y ceguera de Lencho estaba muy avanzada, propias de su edad.
“Yo me siento angustiada cuando él se me pone rejego con que no quiere comer, de ahí en adelante yo soy feliz cuidándolo. El amor que le tengo es muy grande”, dijo la señora de 65 años en aquel entonces.
Para Lencho, “mamita”, como le decía de cariño a su compañera de vida, era un ángel caído del cielo y sí que lo fue con él porque siempre lo cuidó, acompañó y veló por su bien. Su amor hacia él siempre fue del bueno.