En el estadio Ricardo Saprissa han pasado cosas inexplicables, remontadas que parecían imposibles o goles en la Saprihora cuando parecía que el partido estaba perdido, estos hechos se pueden deber, en buena medida, a don Marvin Rodríguez
Este fiel aficionado morado se convirtió en diácono en el 2014 y mezcla su labor en la iglesia con su amor al Monstruo.
Rodríguez es morado desde que tiene uso de razón, gracias a su papá que le inculcó esa fiebre por la “S” y siempre quiso servir a la iglesia, pero algo tenía claro: no quería ser sacerdote, pues su deseo era formar una familia y junto a su esposa, Mayela, y sus hijos ha disfrutado muchos de los momentos gloriosos del Monstruo.
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Marvin es farmaceútico, en sus últimos años de carrera trabajó en el Instituto de Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) y desde hace cinco años se acogió a su pensión. Esto le permite dedicarle más tiempo a su trabajo en la parroquia y cada semana logra acomodarse para ver a su amado Saprissa.
Este fiebre morado conversó con La Teja y contó cómo combina su amor por el servicio, con su fiebre por el deporte rey.
Mora de cepa
Marvin relató que sus papás, don Carlos Francisco y doña María eran morados de cepa y cuando era un chiquillo lo llevaban al estadio. Su fiebre por el Sapri aumentó cuando conoció a doña Mayela, el amor de su vida, quien es igual o más saprissista que él y juntos formaron una familia de tres hijos y un nieto.
“Cuando nos casamos nos hicimos socios en platea este y compramos cinco sillas. Antes íbamos con mis hijos (Luis David, Glen Antonio y José Francisco) y ellos estuvieron en la Ultra Morada cuando eran adolescentes y ahora tenemos tres sillitas y casi siempre vamos al estadio, ahí logro acomodarme para no perderme ningún encuentro”, comentó.
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Este fiebre contó que tiene años sirviendo en la iglesia, en pastoral familiar, en consejería matrimonial y colaborando en retiros y en el 2014 se abrió un proceso para ordenar a diáconos permanentes y él se apuntó. En ese entonces se inscribieron 150 personas y al final, se ordenaron 19.
Marvin se confiesa un saprissista envenenado, pero no suele molestar ni faltarle el respeto a los rivales, vive su pasión con serenidad y siempre confiando en el club.
“Mucha gente sabe que soy morado, pero no soy de estar pasando memes, siempre trato a la gente con respeto. Si ganamos bien, pero no suelo hacer mofa de y además, tengo compañeros diáconos que son liguistas y no hablamos de fútbol, porque sé que ellos sufren.
“Me declaro envenenado, sigo a Saprissa a muerte y aunque el equipo esté mal dejo ese amor de lado, imagínese que antes de que llegara Jorge Vergara, cuando Saprissa estaba malísimo, seguíamos pagando las plateas y ese amor no muere”, destacó.
Este morado sirve en la parroquia San Isidro Labrador, en el centro de Coronado y como diácono puede hacer bautizos, bendecir matrimonios, asistir a los enfermos, celebrar la liturgia de la palabra, pero no puede confesar ni celebrar misas.
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“La verdad es que yo me acomodo para cumplir con la responsabilidad de la iglesia y ver los partidos. A veces me toca bautizar por las mañanas y en la tarde hay partidos y vamos al estadio. Entre semana, las misas son a las 6 de la tarde y muchos partidos son a las 8 p.m. y posiblemente he negociado algunos partidos para verlos por lo menos en la casa.
“Tengo una agenda y en ella pongo los partidos de Saprissa en casa, para ir al estadio las veces que pueda, antes sí ibamos a Alajuela, Cartago, a ver al equipo, pero ahora, por seguridad lo hacemos solo en la Cueva y tenemos más de 30 años de ser socios”, aseguró.
Como buen saprissista, Marvin tiene su chema morada y conserva una bufanda. Cada vez que va a la Cueva llega bien uniformado y de vez en cuando, se pone la morada para hacer un mandado.
Lo que le duele
Rodríguez comentó que admira a dos jugadores: uno es Wálter Centeno, quien cree que es uno de los mejores futbolistas que ha tenido el club y en la actualidad le encanta el trabajo de Mariano Torres.
Si hay algo que le duele a este fiebre es ver cómo hay gente que le tira con todo al volante David Guzmán, porque para él, aporta mucho dentro y fuera de la cancha.
“Siempre debemos apoyar, Guzmán es saprissista a muerte y todos tenemos nuestras debilidades, flaquezas y como todos, a veces andamos con las pilas bien puestas y en otras ocasiones estamos medio apagados, es parte del ser humano; pero no ha dado más alegrías que tristezas”, dijo.
El diácono está contento con la llegada de Paulo César Wanchope al equipo, lo considera muy profesional y le gusta que junto a Gilberto Martínez van a transmitir su experiencia, sobre todo a los más jóvenes.
¿Y qué es lo que más le ha dolido de ver como aficionado?
“No me gusta que gane la Liga, por supuesto y no me gustó ver a (Rolando) Fonseca vestido de liguista, nos traicionó y tampoco a (Michael) Barrantes, sinceramente me dolió mucho”, afirmó.