Una carrera ciclística atrae en Pakistán a los amantes del deporte extremo, la adrenalina y los paisajes espectaculares, una llegada a casi 5.000 metros de altura, desde los glaciares himalayos, bajo el temor constante de terraplenes lo hacen un verdadero Tour de lo imposible.
El Tour de Khunjerab, cuya segunda edición tuvo lugar a fines de junio en el norte del país, está aún a años luz del famoso Tour de Francia, que comenzó el sábado.
Pero, con su reputación de "carrera ciclista más alta del mundo" no carece de atractivos para darse a conocer.
Al menos 88 deportistas, entre ellos dos equipos de Afganistán y Sri Lanka y dos participantes de España y Suiza, se lanzaron a la conquista de la temibles cuestas del Himalaya. Más de la mitad abandonaron la carrera o quedaron eliminados.
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La prueba constaba de una contrarreloj y de tres etapas de 68 a 94 km de recorrido, mucho más cortas que las carreras europeas. Pero los desniveles dan vértigo: el Tour pakistaní no deja de subir.
El Tour de Khunjerab debe convertirse en "una atracción y un estándar para los ciclistas más audaces y aventureros del mundo", dice entusiasmado Usman Ahmed, alto funcionario de la región de Gilgit, que acoge la carrera.
Los participantes que toman la ruta Karakoram, "la carretera asfaltada más alta del mundo", según él, atraviesan "paisajes magníficos", montañas escarpadas, ríos color turquesa y barrancos vertiginosos.
"No hay ningún otro lugar que ofrezca esto", insiste.
"Esta es la carrera ciclista más dura del mundo. Queremos convertirla en nuestra marca de fábrica", afirma Haroon General, presidente de la Federación de ciclismo paquistaní.
El vencedor de la prueba, el paquistaní Najeeb Ullah, que ganó tres de las cuatro etapas, dijo a la AFP que había encontrado “muchas dificultades” en el último ascenso, principalmente “problemas de respiración”.