Mucho gusto, lectores de la revista Perfil. Soy Melany Mora, tengo 26 años y vivo en Pavas. Me apasiona la comunicación y la creación audiovisual, pero también tengo otras facetas menos conocidas: soy coleccionista de datos curiosos, amo San José y comparto mi hogar con dos gatas que llegaron embarazadas en busca de un lugar seguro para tener a sus crías… y decidieron quedarse.
Estudié Comunicación Colectiva en la Universidad de Costa Rica, y desde entonces mi vida ha girado en torno a contar historias, ya sea a través de videos, hilos en redes sociales o proyectos más grandes. En esta entrevista, les contaré detalles de mi vida que quizás los sorprendan, desde experiencias virales hasta los retos que he enfrentado en mi camino profesional y personal. ¡Espero que la disfruten!
¿Cuándo descubriste que la comedia podía ser una herramienta para cuestionar, criticar y conectar con las personas?
Desde siempre me han atraído los productos cómicos. Creo que mi “despertar” en este mundo llegó cuando veía caricaturas, pero un punto clave fue cuando descubrí la “Cumbia Metalera” de La Media Docena. Me impactó porque no estaba acostumbrada a ver contenido humorístico que sintiera tan propio, tan de Costa Rica. Me encantó que me hiciera reír a mí y a mi familia por igual; esa conexión generada por la comedia es algo que siempre me ha fascinado, encontré en el humor algo que divierte a todas las generaciones y que además, puede hacer que nos cuestionemos muchas cosas.
Creo que el humor surge de verdades no dichas, de secretos compartidos entre la sociedad. Es una herramienta poderosísima para reflexionar y cuestionar el mundo que nos rodea. Además de la comedia, desde niña me llamaba la atención la cuestión social y política a mi manera. Otro momento que me marcó fue cuando descubrí la comedia de Hernán Jiménez; nunca había reído tanto a solas en mi casa como cuando escuché su primer monólogo.
¿Cuándo fue la primera vez que usaste el humor para hacer crítica social?
Creo que desde el colegio. Me gustaba cambiarle la letra a las canciones con mis amigas, y muchas veces hablábamos de cosas que pasaban en el colegio a través de eso. Otro momento importante fue cuando administraba páginas de memes sobre política de Costa Rica y otra sobre Latinoamérica. Usaba la comedia para hablar de temas de identidad y unión latinoamericana.
¡Eso suena muy interesante! ¿Cómo lograste ese trabajo a tan corta edad?
Apliqué como si fuera un trabajo real, aunque solo tenía 13 años. Una página la creé yo, pero otra tenía muchos seguidores, así que me entrevistaron y me aceptaron. Organizábamos reuniones por Skype para coordinar los horarios de administración y cuántas publicaciones debíamos hacer al mes. Era un trabajo real, aunque en ese momento no lo veía así porque lo hacía por aprender y divertirme.
En un mundo donde el humor puede ser polémico, ¿cómo manejás la línea entre lo crítico y lo ofensivo?
Creo que con el tiempo una persona se vuelve más consciente de muchas cosas. El humor siempre responde a la época en la que se desarrolla; no podemos juzgar el humor de los 90 con la misma perspectiva de hoy. Conforme la sociedad avanza, el humor también cambia.
Durante mi tiempo en la universidad, llevé un curso de análisis del discurso, lo que me ayudó a entender de dónde vienen los mensajes y cómo se perciben según quién los emita. El humor es una herramienta muy poderosa, pero también puede ser destructiva si no se usa con responsabilidad. Me parece fundamental analizar qué estamos diciendo, cómo lo estamos diciendo y a quiénes estamos afectando con nuestro mensaje.
Yo amo San José, me considero enamorada de nuestra capital, creo que hay lugares súper importantes que están llenos de historia, con mucho valor arquitectónico y patrimonial que hay que preservar y buscar divulgar su historia. Me parece que San José tiene mucho potencial.
¿Podrías dar un ejemplo sobre cómo marcás esa línea?
Creo que todo se basa en cómo se representa a las personas y en la sensibilidad con la que abordamos ciertos temas. Es importante distinguir cuándo se está integrando una comunidad en un relato humorístico y cuándo, por el contrario, se está ridiculizando. Todo está en el contexto, en el lenguaje y en la intención. Por ejemplo, no hablo o no trato de hacer humor con poblaciones en vulnerabilidad.
¿Has sentido resistencia o rechazo por parte de ciertos sectores debido a los temas que abordás?
Sí, definitivamente. No me gusta ser beligerante ni entrar en conflictos, pero entiendo que algunas personas pueden no estar de acuerdo con mis perspectivas. Lo que hago, lo hago con la intención de construir una sociedad mejor desde mi punto de vista, pero sé que no todos piensan igual. A veces las reacciones pueden ser muy ofensivas o toscas, pero forma parte de este trabajo y del impacto que puede tener la comedia. Sin embargo, tengo claro que lo que difundo en mis redes es lo que pienso y trato que no me afecte el rechazo o la aceptación porque realmente ese no es el objetivo de mis producciones.
¿Te arrepentís de algo que hicieras público, alguna creación de contenido que luego te trajera problemas y hubieras querido hacer diferente?
Yo genuinamente no me arrepiento de nada de lo que he dicho. Siento que soy súper responsable de mis palabras y no creo haber dicho algo de lo que me sienta culpable, porque genuinamente todo lo que expreso creo que es en pro de construir un país y una sociedad mejor, además, por eso lo hago desde mis redes sociales, las que llevan mi nombre, es una forma directa de decir lo que pienso.
¿Cuáles han sido tus contenidos más virales?
Un hilo que hice en Twitter sobre Shakira y Bizarrap. Cuando salió esa colaboración, me impactó y quería leer un hilo sobre todas las referencias en la letra, pero no encontré nada. Así que pasé toda una madrugada investigando la vida de Shakira, porque de Bizarrap ya sabía más porque lo seguía desde hacía tiempo. Esa noche hice un análisis exhaustivo y lo compartí en mi cuenta. Se hizo extremadamente viral a nivel mundial. Al día siguiente tenía llamadas de medios de comunicación de muchas partes del mundo, noticieros que me entrevistaban como “shakiróloga” y creadores de contenido de YouTube que admiraba hablaban sobre mi hilo. Nunca había vivido algo así en términos de viralidad. ¡Fue realmente increíble!
También está la canción del AyA que hice con mis amigos y colegas James y Abril. Surgió como parte de la producción de mi fiesta de cumpleaños, La Chinamela, que era una imitación de El Chinamo. Organicé todo por meses y presenté la canción en ese evento. Tiempo después llegó a oídos del productor del programa y me llamaron para hacer los Chinaokes. Le cumplí el sueño a la niña que pedía permiso para acostarse más tarde para ver los chinaokes que algún día fui.
¿Qué opinás con respecto a los chinaokes y el retiro de la pauta por parte de instituciones públicas?
Creo que hay que defender la libertad de expresión a toda costa. Es fundamental que voces diversas puedan manifestarse sin censura ni represalias de parte de instituciones públicas. Costa Rica ha sido un referente en democracia, libertad de prensa y expresión, pero en los últimos años hemos bajado en el ranking de Reporteros Sin Fronteras. Alguna vez fuimos el primer país en América y el octavo en el mundo en libertad de prensa, y hemos descendido abruptamente en los últimos meses. Es preocupante y un llamado de atención sobre lo que nos hace costarricenses y nos ha caracterizado.
¿Cuál ha sido tu producción más importante y por qué?
Para el 8M (Día Internacional de la Mujer) hace tres años hice un video sobre un abuso sexual que sufrí. Me pareció un tema relevante porque se debe hablar de lo engorroso que es para una víctima denunciar, el proceso judicial, lo que se vive desde la parte administrativa y lo tortuoso que puede ser.
Fui abusada por un taxista en 2016, cuando tenía 18 años. Pasé por un proceso judicial terrible y traumático y siento que es un tema del que se debe hablar.
Cuando publiqué ese video, recibí cientos de mensajes de mujeres compartiendo sus historias, algunas denunciaron, otras no, y las entiendo. Yo lo hice 10 años después, cuando me sentí preparada, pero no me creyeron porque hablaba demasiado empoderada y era profesional, lo que, según los jueces, no coincidía con el “perfil de víctima”.
Para mí, el video tenía dos propósitos: ayudar a otras víctimas para que entendieran el proceso y concienciar a quienes ven las denuncias con ligereza. Pensé que sería muy polémico y me haría daño, pero valía la pena. Hasta la fecha, personas me preguntan sobre el proceso judicial. Eventualmente, mi testimonio interesó a personas del Poder Judicial. Inicialmente, el taxista fue declarado inocente, pero apelé y hace un año gané el juicio. Sin embargo, él sigue libre, como si nada hubiera pasado. Me siento orgullosa de haber tenido la valentía de contarlo y de hacerlo como una realización audiovisual. Ahí sigue ese video en mis redes para que pueda seguir ayudando a otras víctimas.
¿Qué papel juegan las redes sociales en tu proceso creativo?
Son fundamentales. Las redes son una herramienta clave para cualquier artista, aunque también implican otro trabajo. Pero es hermoso poder enseñarle a la gente lo que uno hace. Para mí, el arte y la comunicación son una conversación, no tiene sentido si hago algo solo para mí. Lo que creo busca generar diálogo, así como yo consumo arte de otros y me hace reflexionar. Nunca antes en la historia cualquier persona tuvo acceso a una plataforma. Se democratizó la posibilidad de hablar con un megáfono. Me encanta compartir mi trabajo, conectar con otros artistas y creadores, hacer colaboraciones.
Concibo la creación de contenido como una expresión artística, no me guío por métricas o tendencias. No me interesa “pegar” o buscar likes, sino transmitir mensajes desde lo más profundo de mi corazón. Mis redes siguen siendo personales porque reflejan mi esencia.
Me parece muy bonito que en las redes sociales uno pueda compartir su trabajo y que otras personas puedan conectar con eso.
¿Vos te describís como creadora de contenido?
He tenido conflictos con ese término porque puede simplificar lo que hago. Me considero comunicadora y realizadora audiovisual. Me gusta hacer videos de todo tipo, ya sea para redes sociales, cine, pantallas de buses, obras de teatro. Uno de mis medios es las redes sociales, pero mi identidad profesional va más allá, o al menos espero que vaya más allá.
¿Tres palabras que te definen?
Apasionada, creativa y caótica.
En tu vida profesional, ¿has sentido frustración o inseguridad?
Todo el tiempo. A veces la gente me felicita por algo y siento que no lo merezco, que es el síndrome del impostor en acción. Muchas veces he dudado de si soy lo suficientemente buena para desarrollar un proyecto, incluso, creo que ahí también entran en algunos casos inseguridades del pasado y hasta recuerdo una época terrible de depresión y ansiedad en la que no sabía para qué era buena, o cuál era el propósito de mi vida, sentía que nada me salía bien, no estaba conforme con nada de lo que hacía, tenía ideas y no sabía cómo realizarlas. En esa época sufría además de bloqueos de creatividad terribles, pero en fin, ya pasaron afortunadamente y ahorita estoy llena de buenos proyectos que me llenan de ilusión.
No me fijo en las métricas, ni en los likes o los seguidores, yo lo que publico es porque estoy convencida de que a alguien le puede servir o que puede ayudar a otra persona, yo no hago nada que no me represente.
¿Qué te falta por hacer, en qué estás trabajando y qué querés hacer en los próximos años?
Ahorita estoy haciendo videos musicales, estoy desarrollando una película, terminando un documental que grabé en Panamá y trabajando en un documental sobre mi abuelito y su historia, básicamente eso.
Me gustaría seguir haciendo lo que amo que es la producción audiovisual, me encantaría hacer una película, seguir trabajando para construir una mejor ciudad, un mejor país.
Me preocupa en este momento los líderes del país… en libertad de expresión estamos un poco más débiles y siento que estamos muchas veces perdiendo el respeto por otras personas solo por el hecho de que no piensen como nosotros.
Créditos:
Dirección de arte y producción: Camila Castillo
Styling: Carlos Chavarría - Credenza
Camila Castillo
Melany Mora
Maquillaje: Victoria Cisneros Azofeifa
Peinado: Danny Meraki
Fotografía: En estudio: Jose Cordero. En ciudad: Gabriel de Camino Moya